miércoles, 7 de septiembre de 2016

¿Qué es la ética y para qué sirve?

En esta primera entrada almaceno la síntesis y la lectura crítica de lo visto en los videos de Adela Cortina y lo leído y en su libro “El mundo de los valores”.

Puedo decir a manera de preludio que me he llevado una grata sorpresa. Siempre he sido esquivo con el estudio de la Ética, sobre todo en el colegio cuando lo veía simplemente como "saber portarse bien". Si yo ya me porto bien, no necesito de esto, pensaba y no ponía cuidado en clase.

Sin embargo, Adela Cortina logra explicar de manera muy agradable cómo la ética es más que el cumplimiento de las normas y el "saber portarse bien" (nunca utiliza esta expresión, cabe aclarar), y está relaciona con la manera en que podemos mejorar nuestro entorno, nuestra sociedad y nuestra vida aprendiendo a vivir con un sentido de justicia y gratuidad.



¿Qué es la ética y para qué sirve?

Los seres humanos somos inevitablemente morales. Igual que tenemos peso, tamaño, color, tenemos moral. Todos tenemos moral, ya sea más o menos, ya que todos nos forjamos un carácter. Nacemos con un temperamento y a lo largo de la vida vamos tomando decisiones que van marcando una predisposición a elegir en el mismo sentido (quien decide injustamente, crea la predisposición de seguir eligiendo injustamente). Esta predisposición, esta elección día a día de decisiones, va generando lo que se conoce como virtudes, areté (excelencia) en griego. Lo más inteligente sería ir generando las mejores predisposiciones (ser excelente en justicia, ser virtuoso en ser solidario), irse generando virtudes y no vicios. Las virtudes nos llevan a la felicidad.

Día a día nos forjamos un carácter, sea uno bueno o no, así que qué mejor hacerse uno bueno. Un carácter que le lleve más cerca de la felicidad que de la desdicha. Por eso la ética forma parte nuestra.

Estructura moral y Lenguaje moral

Los seres humanos somos estructuralmente morales. Ante el medio que nos rodea, los seres humanos no damos una respuesta automática, sino que al responder se nos abre un gran conjunto de posibilidad del cual debemos elegir. Somos siempre libres de elegir entre todas las respuestas, y al elegir debemos justificar y ser responsables de esa respuesta y de las consecuencias se generen de esta. Esa estructura: libertad, justificación y responsabilidad es lo que se llama la estructura moral de los humanos.

Sin embargo se habla de que los contenidos morales son diferentes a la estructura moral. Los contenidos morales pueden variar de una sociedad o cultura a otra, pero la estructura moral la tenemos todos los seres humano. Todos nacemos con una estructura moral y en la medida en que vamos creciendo, según sea la época, la sociedad y la cultura en que lo hagamos, vamos desarrollando un lenguaje moral propio de donde vivimos, aprendido de lo que vemos que la gente hace. Sin embargo, a pesar de las diferencias culturales, y por ende los diferentes lenguajes morales, la estructura moral del ser humanos establece unas virtudes básicas universales.

Las propuestas morales que podrían establecerse universalmente: Los derechos humanos y las capacidades básicas; una mejor democracia; una economía enfocada a formar mejores sociedad; una ciencia al servicio de la dignidad humana, del bien de los hombres, de una mejor naturaleza y al cuidado de los animales.

La cooperación

Estamos dispuestos a dar, siempre que tengamos expectativa de recibir. Somos seres reciprocadores indirectos. Esto significa que los seres humanos son capaces de dilatar la reciprocidad en el tiempo. Siempre que damos estamos esperando que de alguna manera haya algún retorno. Esto genera la capacidad de cooperar. Es la ayuda mutua la que permite que las especies prosperen, no la lucha descarnada por la vida.

Desde los inicios de la humanidad, en la época de la caza y la recolección, el ser humano pudo sobrevivir cooperando con su grupo. Sin embargo, aquellos que no eran de su grupo, por más que también fueran humanos, eran extraños, posiblemente enemigos. Nos mueven mucho más emotivamente los cercanos que los lejanos.

¿Queremos seguir preocupándonos sólo por los cercanos y no por los lejanos? La ética tiene que ver con el preguntarse hacia dónde queremos ir, qué queremos hacer, hasta dónde queremos llegar.

Es mejor generar aliados que adversarios. Quien trata de no generar en los otros adversidad es alguien que va generando capital social, personas con ganas de cooperar. Kant dice: “Hasta un pueblo de demonios (seres sin sensibilidad moral) preferiría vivir en un estado de derecho (cumpliendo sus deberes, renunciando a su libertad de hacer lo que quieran), que en un estado de naturaleza. Con tal de que tengan inteligencia”. Es más inteligente y rentable cooperar, que crispar a todos los demás.

Sin embargo no basta con cooperar, no basta con buscar aliados y no adversarios. Es necesario guiarnos por el sentido de la justicia y el sentido de la gratuidad. ¿Qué pasa con aquellos de los que se piensa que no pueden dar nada a cambio? Esos se quedan fuera y son excluidos.

Sentido de la justicia y de la gratuidad

Antes de los contratos, de que existieran las relaciones de reciprocidad, existían los vínculos, el reconocimiento de otro ser humano como parte de la especie, reconocidos como personas. Cuando se rechaza al otro, se está rompiendo el vínculo. El sentido de la justicia tiene que ver con reconocer los derechos de los seres humanos, más incluso que aquellos que pueden ser exigidos como un derecho y satisfacerse como un deber: el afecto, el consuelo, la atención. Aquellos que se dan cuando nos reconocemos ligados al otro y el otro nos importa. Esto se logra a través de la compasión, entendida como la capacidad de compartir con otros su alegría y su tristeza.

La empatía es necesaria, pero no basta. La compasión es un sentimiento de empatía que cuando ve que el otro sufre, hay que salir y comprometerse para aliviar su dolor y asumir su alegría como propia cuando al otro le vaya bien.

¿Para qué sirve la ética? Para darnos cuenta de que todos somos carne de la misma carne, sangre de la misma sangre. Vivir con el sentido de la justicia y la gratuidad.